La sal  

es un ingrediente tan cotidiano en nuestra cocina y en nuestras comidas que muchas veces no nos paramos a pensar que tipo de sal tenemos en nuestro salero.
Y lo cierto esque es algo muy importante, porque se lo añadimos a casi todos nuestros platos y también está escondida en muchos productos que consumimos sin darnos cuenta.

Pero empecemos por el principio… ¿Que es la sal? La sal el Cloruro sódico (NaCl), es la principal fuente de sodio en nuestra dieta. El sodio es un mineral imprescindible y nuestro sistema nervioso no puede vivir sin el, ya que se encarga de generar la transmisión nerviosa hacia el cerebro, es fundamental para el equilibrio de líquidos en nuestras células y por lo tanto en nuestro cuerpo y para la relajación muscular. Una falta de sodio provoca náuseas, vómitos, rampas o calambres musculares, alteraciones visuales y dolor de cabeza.
El otro elemento de la sal es el cloruro, muy importante también ya que el cloro es componente del ácido clorhídrico del estómago y está implicado en la digestión. La sal natural es necesaria para una buena digestíón de los hidratos de carbono, ya que hace que la saliva y las secreciones gástricas puedan puedan procesar con facilidad la fibra de los carbohidratos.

Por lo tanto la Sal es necesaria. Sí, pero en pequeña cantidad y no cualquier sal, Sal de la buena.
Un poco de sal es esencial para nuestra vida, para estimular la digestión, fortalecernos y activarnos pero un exceso puede causar muchos problemas y actúa como dique reteniendo las grasas, por lo tanto, engordando.
Es decir, que obstaculiza la capacidad de nuestro cuerpo de eliminar las grasas del torrente sanguíneo creando problemas renales, retención de líquidos, hipertensión, enfermedades cardiovasculares, migrañas…

¿Cuanta sal?

La OMS (Organización mundial de la salud) recomienda 5 gramos diarios de sal, es decir una cucharadita de café. Si empezamos a contar seguro que nos pasamos, ya que además hay que tener en cuenta la sal que contienen naturalmente los alimentos. Pero no es la sal que echamos a nuestros platos la que más me preocupa, sino aquella que está escondida en un montón de alimentos o “productos comestibles” que se compran en el super. Uff, os asustariais si haceis la suma de toda la sal que algunas persnas consumen a diario. Así que primer paso, y no solo por al sal sino por mil y una razones: eliminar todos estos alimentos procesados que contienen toneladas de sal entre otras cosas (alimentos precocinados, congelados, snaks, embutidos, conservas, saldos, sopas, cremas, palitos, salsas, patatas, bolleria…

Si tu médico te diagnostica hipertensión y te aconseja que dejes la sal, será mejor que dejes primero los alimentos mencionados que son los verdaderos culpables, los que dificultan el crecimiento en los niños y acelera el envejecimiento en los ancianos.

Eso para empezar, y luego ser conscientes de esa cucharadita al día para usar en la cocina y buscar alternativas que den sabor a los alimentos:
– Usar especias para dar sabor a nuestros platos.
– Gomasio (sésamo molido con sal)
– Sal de hierbas con trocitos de aromáticas y verduras deshidratadas.
– Agua de mar

Y ¿ Cual es la sal que deberiamos consumir?

Nos hemos preguntado alguna vez, ¿Como se extrae la sal que llega a nuestro plato y sobretodo que procesos ha pasado antes de consumirla?, ¿Qué le han quitado y qué le han puesto?

La sal se obtiene de la evaporación del agua de mar o se extrae de minas en la tierra. Hasta aquí perfecto, pero la sal convencional que encontramos en supermercados, bares y restaurantes ha sufrido un proceso industrial en el que se alcanzan altas temperaturas y se restán contenidos nutricionales, con el intento de convertirla en un producto “limpio” y sobre todo que se conserve por los siglos de los siglos…
El resultado es una sal con un alto contenido en sodio, nada de minerales y llena de aditivos: Yoduro de potasio, dextrosa (azúcar para que el yoduro no se oxide), bicarbonato de sodio para que la sal no se ponga rosa y aluminato silicosódico, carbonato de calcio, ferrocianuro de sodio, amonicoférrico verde, prusiato de sosa amarillo o carbonato de magnesio.
Todo este proceso industrial se hace porque la sal marina al contener cloruro magnésico es higroscópia, es decir, absorbe agua, lo que dificulta su almacenamiento y posterior comercialización, por lo que se “purifica”, convirtiéndola en un producto artificial e incompleto, como el azúcar blanco. En el refinado desaparece el magnesio, elemento que regula el equilibrio sodio-potasio y ayuda a eliminar el exceso de sodio por los riñones.

La sal marina natural contiene 92 minerales esenciales, mientras que la sal marina adulterada o refinada sólo contiene dos elementos, sodio y cloro.

Así que la respuesta es clara…

Las sales que tendriamos que tener en nuestra cocina son:

– Sal marina natural sin refinar.
– Sal del Himalaya, que es de tono rosado y que es sal marina que quedó acumulada al cristalizarse en yacimientos de montaña hace millones de años en esta codillera y que por lo tanto se encuentra en su forma mas natural y pura.
-Sal marina Maldon: Sal de la costa del sur de Inglaterra. Es una sal presentada en escamas. Se produce por
evaporación superficial del agua salada o laminando mecánicamente las sales granuladas. Si se añaden al alimento
en el último momento aportarán una textura crujiente y mucho sabor.
– Flor de sal: Quiere decir la más fina y delicada. Un producto especial de los yacimientos de sal marina del centro oeste de Francia. Forma delicadas escamas y se dice que contiene restos de algas y otros materiales que
aportan un aroma característico.
– Sal con sabores y colores: Tenemos la sal de apio (con semillas de apio molidas), la sal de ajo (con gránulos de
ajo deshidratados) y las sales ahumadas y tostadas de Gales, Dinamarca y Corea. La sal negra de la India que cuando se muele es gris-rosácea y es una mezcla sin refinar de minerales con olor sulfuroso. Las sales hawaianas negra y roja se consiguen mezclando sal marina con lava, arcilla o coral molidos muy finos.

¿La mejor? Pues el sentido común nos lleva a la más cercana, de alguno de los mares o salinas que bañan nuestras costas, el resto son para darle un toque gourmet a nuestras comidas.

Antes de que me pregunteís, deciros que tampoco os recomiendo la sal yodada o flourada, porque son sales refinadas a las que luego se les han añadido esos minerales que no son exactamente los mismos que se encuentran presentes de forma natural en los alimentos y por lo tanto pueden desequilibrar nuestro organismo. Mejor una sal marina con sus 92 minerales 🙂

Salvo algún caso excepcional no os recomiendo eliminar del todo la sal de vuestra alimentación, (sobre todo si llevaís una dieta sana con muchos alimentos naturales y 0 productos industriales), pese a la mala fama que tiene, en su justa medida la necesitamos y nos permite realzar el sabor de ciertos alimentos y activar nuestros riñones. Eso sí, si nos pasamos los alimentos perderan su sabor y cada vez necesitaremos añadir más y más.

Dale sal de la buena a tu vida con moderación y como os digo siempre, informaros y leed las etiquetas de los productos que comeís para ser conscientes.

Escrito por Adriana